
El poeta estadounidense Robert Frost (1874-1963) escribió:
“Dos caminos se separaron en el bosque, y yo…Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia.”
Este poema sugiere un aspecto de la Vía espiritual, nuestra capacidad de arriesgarnos, dispuestos a seguir una ruta bastante diferente y menos segura.

La vida nos presenta condiciones y circunstancias, que exigen una elección entre lo conocido, el camino más transitado por la mayoría de la gente, u otro poco transitado, menos conocido, y por lo tanto, menos cómodo.

Estos dos caminos pueden representar por un lado lo que el mundo considera una vida exitosa basada en consumismo, competencia, estatus, y fama. Sin embargo, por otro lado, existe otro camino más sencillo, basado en compasión, servicio, benevolencia, y ecuanimidad.

El mundo dirá “¿Por qué quieres eliminar los deseos, las pasiones, y las sensaciones? Son lo que da sentido a la vida. Sin estos, no se puede vivir.” Y así rechazan cualquier consideración de algo diferente.

No se dan cuenta del descontento conectado con adquirir más y más cosas para llenar el hueco doloroso en su pecho, o el hecho de que nada es suficiente para satisfacer su sed y hambre emocional, o que nadie cumplirá los requisitos de una pareja perfecta, que los haga felices para siempre.

No entienden que el camino más transitado sólo los llevará al sufrimiento, frustración y la desilusión.

Pero para elegir el otro camino, el menos transitado de la vida espiritual, se requiere el valor para dejar atrás todo lo que la sociedad, la familia, las escuelas, e incluso las religiones recomiendan, y de esta manera explorar lo desconocido de nuestro mundo interior.

Al principio, este camino puede parecer espantoso, como caminar por un bosque en tinieblas antes de que comience una tormenta y frente a nosotros, un sendero sinuoso cubierto de piedras y maleza a los lados, todo esto, colina arriba.

Sin embargo, algo en nosotros nos llama y nos anima para seguir adelante, sabiendo que es el único camino sensato para liberarnos del sufrimiento, o sea, el camino del zen.

Pero no estamos seguros de lo que esto significa, a pesar de que unos pocos nos han contado que, por medio de este sendero, se encuentra la alegría y la paz. Pero no es nada fácil, ni estamos seguros porque, en la oscuridad, sólo podemos ver el próximo paso justo frente a nosotros.

Antes de comenzar una práctica espiritual, solemos tomar el camino más transitado, el de nuestros patrones habituales de reacciones basadas en codicia, culpa, proyección, frustración, y autoengaño. Son hábitos que se solidifican por la costumbre, que poco a poco llegan a pasar desapercibidos.
