Por eso, practicamos el zen para poder ver la mente tranquila y libre de las perturbaciones. Pero la mente tranquila es sólo la mitad del trabajo. Incluso, hay que contemplar las causas, condiciones, y remedios del sufrimiento, para aprender lo que nos volverá a nuestra consciencia libre.

Budismo considera el despertar como cuando liberamos la mente del apego, al poner en práctica lo que el Buda enseñaba: “No debemos apegarnos a nada que denote ‘yo’ o ‘mío’”. No practicamos para tener mejores experiencias, sino para liberarnos de lo que nos bloquea la mente libre y natural en sí.

Comenzamos así desapegándonos del placer a los objetos de los sentidos, sean corporales, pensamientos, o sentimientos placenteros, cualquier adicción que bloquee la mente tranquila. Hay que desapegarse incluso de estados mentales asociados con la meditación, la calma, la felicidad, y la paz.

Hace poco, participé en un retiro maravilloso de meditación, y experimenté siete días de silencio con la sangha en armonía, cooperación, y apoyo. Sin embargo, al volver a casa, me encontré molesto puesto que la casa no estaba tan tranquila como durante el retiro.

Observé que lo difícil es volver a la vida cotidiana sin comparación a lo que sucedió durante el retiro, además me costó varios días soltar mi apego a los estados mentales tan agradables que había experimentado la semana anterior.

Nuestra tendencia de apegarnos a ciertos estados mentales, sensaciones, o pensamientos, debe a las kleshas, o sea, nuestros hábitos mentales basados en la ignorancia, que bloquean el libre fluir con el mundo. Otra forma de apego es identificarnos con el cuerpo como un sí mismo o un “Yo” permanente.

En el Sutra Anapanasati, el Buda da unos ejercicios para la contemplación a todos los aspectos del cuerpo, incluidos lo físico y lo mental. Luego, nos dirige a imaginar el cuerpo en descomposición después de la muerte, pudriéndose en un cementerio. Son formas de soltar la esclavitud que tenemos a nuestros cuerpos, al crear el miedo por su pérdida y el miedo a la muerte.

Al ser consciente al conjunto de sensaciones, percepciones, ideas, memorias e historias personales que constituyen nuestro concepto de un Yo, se puede poco a poco soltar esta ilusión. De hecho, los pensamientos mismos surgen solos. No hay nadie que los piense.
