Capítulo 31.3. ¿Cuál es la Consciencia?

EL PERDÓN DE BUDA

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Cuando se da la plena consciencia a cada pensamiento que aflora en cada momento, se puede ver como surgen y luego desaparecen en el mismo momento; son insustanciales, transparentes, y vacíos.

 

 

Al ver esto pasar, nos liberamos de perdernos y ser prisioneros de estos mismos pensamientos, incluidos los estados asociados con las emociones, como el enfado, la ira, o la tristeza. En vez de crear toda una autoimagen y superestructura de un sí mismo, se ve que simplemente son condiciones cambiantes y efímeras en las que surgen las ideas y emociones mentales. No es necesario personalizarlas como bases de un yo.

 

 

Tampoco se debe apegar a la conciencia en sí como el eje del yo, es decir, como un observador o testigo en medio de la consciencia. Una forma útil de trabajar con las emociones o ideas fuertes que surgen en la mente durante la meditación es referir a ellas de una forma impersonal, como el enojo enojándose, el amor amando, la molestia molestando o los pensamientos que se conocen.

 

 

Simplemente, no hay ningún yo ni un sí mismo haciendo nada. Son solamente condiciones y causas que nacen y forman una sensación o experiencia en el momento, que se deshace a cada instante.

 

 

Cuando podemos soltar cualquier preferencia al apego o la aversión, entonces el camino de la práctica está más claro. Lo que existe en cualquier momento simplemente es lo que es. No es necesario intentar mantenerlo, ahuyentarlo, aferrarse a él, o evitarlo.

 

 

Simplemente verlo por lo que es, una idea o sensación que surge en el momento a causa de condiciones y causas vacías e impermanentes percibidas por la consciencia. Sin embargo, no hay nadie allí para crear o percibirlas.

 

 

Se practica el no-apego a estas sensaciones y experiencias. Simplemente, se suelta cualquier deseo de mantener o rechazar algo que haya aparecido en la consciencia.

 

 

¿Cuáles son algunos medios hábiles para soltar el deseo y lograr la consciencia libre de apegos? Primero, se ve que todo es transitorio y el sufrimiento surge por apegarnos a un yo o alguna cosa insustancial.

 

 

Luego, se entiende que las cosas no dependen de nuestra propia voluntad: no controlamos nuestro nacimiento, envejecer, la muerte, estados mentales, las sensaciones, ni los impulsos mentales que surgen y entran en nuestra mente a cada instante.

 

 

Nuestra responsabilidad es ser conscientes de lo que está pasando, atentos al presente, soltar todo apego que surja, y fluir con la armonía natural de la vida. Cuando se suelta la idea del yo, lo que queda es la consciencia luminosa que sabe espontáneamente.

 

 

El Buda mismo dijo: “Al observarlo de este modo, uno no se apega a nada de este mundo. Cuando no hay apego, no hay agitación. Cuando no estamos agitados, alcanzamos personalmente el Nirvana.”

Capítulo 31.3. ¿Cuál es la Consciencia?

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