Esta menta calma es nuestra base, a donde regresamos una y otra vez cuando
los pensamientos nos jalan en otras direcciones de pasado o futuro.

El segundo nivel de la consciencia es la habilidad de advertir el disturbio detrás de los pensamientos, atentos, pero sin movernos.

Estamos atentos a lo que está pasando, pero sin hacer nada.

Así tenemos la oportunidad de reconocer una tensión interior y buscar su solución,
pero sin que nos atrape.

De esta forma, creamos un espacio interior en el cual la sabiduría esencial (bodhicitta) puede responder.

En este espacio, una pregunta implícita surge, “¿Qué es bueno hacer?”

Es justo allí, sentado en medio del “No sé” que nos deja desapegar de la mente chica, y abrirnos a una sabiduría más profunda.

El “no sé” es la humildad de la mente chica que se rinde a algo más profundo, al soltar las riendas del control, se abre a la sabiduría de shunyata, y reconoce el “yo” de la mente chica como algo totalmente vulnerable e impotente, incapaz de solucionar esta tensión interior.





