Ya llega el tercer nivel de la conciencia, la clave de nuestra práctica: elegimos realizar lo que se ha hecho evidente hacer, y llevar a cabo el consejo recibido como la solución a la tensión percibida.

Comprometerse a la acción, es un impulso impersonal basado en la compasión innata del Universo que responde al contexto del sufrimiento que se presenta en este momento.

Las consecuencias de esta acción nos vuelven de nuevo al primer nivel de la conciencia quieta, la que puede ver las causas y condiciones impermanentes que se revelan en este nuevo momento de tiempo.

Esto es lo que significa la mente calma y lúcida del Zen: la calma es la esencia universal, la lucidez es la consciencia que advierte las tensiones mentales cuando surgen, atendiéndolas sin mover en el “No sé”, y esperar que la sabiduría innata nos guie en cómo responder, y actuar activamente basados en el consejo recibido.

De esta forma, nos liberamos del karma de sufrimiento condicionado, y creamos conscientemente una vida más satisfactoria, en armonía y paz con el Universo.
