Capítulo 2.1. La Guarida del León

EL PERDÓN DE BUDA

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“Las prácticas budistas Zen no son reglas exteriores
para vivir, sino que las prácticas budistas Zen son formas internas de liberación personal.”
~Wonji Dharma

La verdadera enseñanza siempre nos hace sentir incómodos, si no nos hace sentir incómodos, no es la verdadera enseñanza.

Esencialmente, las cosas en la vida que no nos hacen sentir cómodos están ahí para mostrarnos algo.

Cuando leemos, por ejemplo, un precepto que trata el tema de no robar, si no nos sentimos incómodos considerándolo, quizás no es un problema en nuestras vidas.

En cambio, al leer el precepto de no robar y comenzamos a pensar, ‘bueno, eso no se aplica a tal o cual o tal y tal,’ entonces quizás deberíamos examinarlo un poco más profundo. 

Puede ser que hay algo ahí que nos hace sentir incómodos porque estamos intuyendo incongruencias en nuestras vidas y práctica.

Al comenzar a practicar el zen, tenemos mucho entusiasmo. Nos sentimos que por fin nos hemos descubierto “la Vía”.

Con mucho entusiasmo declaramos a todos nuestro descubrimiento, enseñando a todos los demás lo que creemos haber encontrado.

Estamos muy emocionados por haber descubierto un camino tan significativo en nuestros corazones, y puesto que nos hemos experimentado tanta transformación personalmente, comenzamos a creer que tenemos la solución final de todo el sufrimiento del mundo.

Nos volvemos firmes en nuestro celo, listos a marcharnos testarudos hacia la guarida del león para confrontar cualquier asunto que creemos que tenemos que domar en nuestras propias vidas.

No obstante, esta guarida del león es simplemente una construcción de nuestras mentes. Percibimos todos los fenómenos fuera de sincronía con nuestros puntos de vista.

Así que, si seguimos corriendo precipitadamente hacia la guarida del león imaginaria, nuestro león demoníaco junto con el resto del mundo puede devorarnos rápidamente.

Para no caer en esta crisis, debemos aprender cómo escuchar y adaptarnos a las perspectivas distintas a las nuestras. 

Sin embargo, la imagen del león tiene otro significado importante en la práctica zen. Es una metáfora que simboliza una mente inmóvil.

Esto no significa una mente estancada en sus propias ideas, sino una mente abierta a lo que está ocurriendo a su alrededor, o sea, permanecer en nuestro centro sin perseguir ideas al azar.

Hay una expresión en Zen para expresar esta actitud audaz: “El perro persigue el hueso, el león agarra y devora al lanzador.”

Es decir, un perro se distrae fácilmente. El momento que alguien le tira un hueso, se va inmediatamente persiguiéndolo. 

Representa la mente indisciplinada. Cualquier impulso o idea que surgiera, se va persiguiéndolo.

Si alguien le provoca, la mente indisciplinada experimenta ira y comienza a ladrar, distraído por el hueso de provocación.

En cambio, un león es inmovible. Se sienta tranquilamente, vigilando la situación.

Aunque alguien le tira un hueso de ideas o provocaciones, no lo persigue. Espera con mucha paciencia y plena atención hasta que el lanzador se acerca, y luego lo devora.

Es decir, la mente inmóvil tiene la confianza y la sabiduría no moverse con cualquier distracción. La mente inmóvil actúa como un león, lista a despedazar la mentira, trampa, o distracción.

Es un símbolo de fuerza, equilibrio y disciplina mental. 

Capítulo 2.1. La Guarida del León

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