Capítulo 2.2. La Guarida del León

EL PERDÓN DE BUDA

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Al mismo tiempo, esta mente inmóvil del león no es violenta. Si lo que se acerca es la verdad en la forma de un cordero, lo da la bienvenida a su guarida sin problema.

Hay un gran ejemplo demostrando esta mente inmóvil cuando las personas toman sus preceptos más avanzados de ministro o sacerdote en una gran ceremonia y celebración con la sangha.

Hay una gran prueba para cada candidato, el cual debe sentarse frente a todo el público mientras que todos uno por uno le dirige una pregunta sobre el cómo aplicar el Dharma a la vida cotidiana.

El candidato debería contestar a cada uno con la mente inmóvil, demostrando su capacidad de enfrentar cualquier reto con ecuanimidad, valor e intrepidez.

El público, la sangha, puede decidir si el candidato es un león con una mente inmóvil o un perro con una mente distraída, temerosa y dudando de sí mismo.

La prueba se basa no tanto en respuestas correctas o incorrectas, sino más bien en como el candidato mantiene su claridad y calma frente al reto.

Según su perspectiva, el público puede aparentar al candidato como un círculo de amigos amorosos apoyándole incondicionalmente con compasión o suavidad o en cambio, se lo percibe como un monstruo al punto de devorarlo.

Recuerden que, en el mundo del absoluto, no hay ni bueno ni malo, mientras sí hay bueno y malo manifestándose en el mundo relativo.

Comenzamos a cometer errores cuando confundimos el mundo relativo con el mundo absoluto.

Cuando nos apegamos a nuestras opiniones, estamos diciendo que mi manera de pensar, mi opinión, y mi perspectiva, es la única y no tolero ninguna otra.

Ya se ha transformado en dogma, lo cual crea más insatisfacción y sufrimiento.

En lo relativo, tu opinión es simplemente tu opinión. En vez de declarar “la Vía Única” según tu propia opinión, se da cuenta de que todas las opiniones son “la Vía.”

Esto es lo que se llama “el mundo de la verdad,” del cual se puede adaptarse a un mundo cambiándose continuamente.

Para fluir en este mundo, requiere que se practique correcta situación, correcta relación, y correcta función. Así que, aprendemos a vivir en un mundo en que “está todo bien.”

De esta manera, cuando otros actúan de una forma que no nos agrada, no tenemos que injuriar, insultar, o calumniarlos. Como budistas, estamos comprometidos a la no violencia, es decir, no hacer daño.

No obstante, esto no significa ser pasivo. A veces no hacer daño significa causar interrupción en el mundo. Gandhi es un ejemplo de esto.

Su compromiso a no hacer daño, la no violencia de ahimsa, le dio la mente león con la capacidad de no cooperar con lo malo en la forma de la injusticia de un país subyugando y abusando a otro país.

Su resistencia y no cooperación liberó a su país de los abusos de colonialismo.

En nuestra tradición, evitamos usar las etiquetas de bueno o malo. Sería mejor elegir entre lo correcto y lo incorrecto, basado en si algo causa daño a alguien o no.

Aunque elegimos oponer algo, debemos mantener nuestro compromiso a la no violencia y no actuar basado en la ira. Con diligencia, podemos aprender que un corazón bondadoso no significa pasividad o inacción.

Al mismo tiempo, si mantenemos una actitud o creencia absolutista, que mi camino es el único camino, puede convertirse a una vía de totalitarismo.

Esto es lo que los ancianos maestros llaman, “el hedor del Zen.” Lo absoluto no depende en una idea. De hecho, el absoluto se refiere a shunyata, el cual es más allá de palabras y habla.

Así que cuando presentamos nuestra Vía como la única vía, estamos ofendiendo las enseñanzas del Buda.

Aunque queremos hacer el bien, aspirando a ser buenos seguidores del Buda, así que formamos ideas acerca de lo que se debe hacer y cómo hacerlo.

A fin de cuentas, estas ideas son simplemente construcciones mentales que pueden obstaculizarnos de nuestra propia Naturaleza Búdica.

El practicante auténtico del zen camina libremente por el mundo soltando los pensamientos y construcciones mentales que pueden obstaculizarlo.

El verdadero practicante zen confía en las enseñanzas del Buda, asegurando que no hace daño ni a sí mismo ni a otros.

Si tiene que actuar, lo hace con benevolencia y compasión, manteniendo la mente inmovible del león y adaptándose a un ambiente cambiándose continuamente. No hay una expectativa que seamos perfectos en todo momento.

Tengan compasión y paciencia hacia sí mismos y otros, cuídense sus preceptos, mantengan su hua-tou constantemente, y actúen con benevolencia, compasión, y amor.

Capítulo 2.2. La Guarida del León

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