Capítulo 3.1. Cómo Matar a un Dragón

EL PERDÓN DE BUDA

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El maestro chan Hsu Yun, enseña que para practicar zen, hay que aceptar las normas de disciplina. Según él, no puede haber progreso espiritual sin una disciplina basada en moralidad, ética, y compromiso.

La disciplina es la base sobre la cual descansa la Iluminación. La disciplina nos ayuda mantener un equilibrio y constancia en la vida cotidiana. Sin esta estabilidad, la Iluminación puede degenerarse en delirio e inflación del ego.

En cambio, si se mantiene la práctica diaria de la meditación y la aplicación de los preceptos, entonces se manifestará la sabiduría basada en la directa experiencia de nuestra esencia guiándonos en cómo vivir una vida con plenitud y bienestar.

El Sutra Shurangama nos enseña que el mero hecho de meditar en sí no es suficiente para eliminar nuestros malos hábitos e impurezas mentales. La disciplina moral y ética nos protegerá de caer en los dominios de demonios mentales asociados con Mara y los herejes.

Sucedió una vez que, en el estado de Kashmir, un horrible dragón terrestre vivía en una cueva cercana a un monasterio de quinientos arhats…

Este dragón aterrorizaba a la región y hacía miserable la vida de mucha gente. Todos los días los arhats se reunían, y juntos intentaban utilizar el poder de su meditación colectiva para ahuyentar al dragón

Pero siempre fracasaban. El dragón simplemente no se marchaba

Entonces, un día sucedió que un monje Chan… se detuvo en el monasterio. Los arhats le informaron al monje sobre el terrible dragón y le pidieron que se uniera a la meditación, para añadir el poder de su meditación a la de ellos.

“¡Debemos forzar a esta bestia para que se vaya!” se quejaron. El monje Chan simplemente les sonrió y fue directamente a la cueva del horrible dragón.

Quedándose en la entrada de la cueva, el monje llamó al dragón, “Sabio y virtuoso señor, ¿sería tan amable de abandonar su guarida y buscar refugio en un lugar más lejano?”

“Bueno – dijo el dragón – ya que me lo ha pedido tan cortésmente, accederé a su petición y me marcharé en el acto.” El dragón, como pueden ver, tenía un fino sentido de la etiqueta. ¡Y de este modo se fue!

Desde su monasterio, los arhats observaban todo esto con absoluto asombro. ¡Sin lugar a duda este monje poseía milagrosos poderes de samadhi!

Tan pronto como el monje regresó, los arhats se reunieron a su alrededor y le suplicaron que les hablara de esos maravillosos poderes.

“No he utilizado ninguna meditación o samadhi especial – dijo el monje – Simplemente mantuve las normas de disciplina y estas normas estipulan que debo observar los requerimientos menores de cortesía tan cuidadosamente como los requerimientos mayores de moralidad.”

De este modo podemos ver que el poder de la meditación-samadhi colectiva de quinientos arhats a veces no iguala a la de un simple monje que se adhiere a las reglas de disciplina.

Como se ve en esta historia, la meditación en sí no necesariamente puede salvarte de los dragones y monstruos de tu propia mente.

Lo que requiere es la cortesía y el respeto para tener un verdadero impacto en la sociedad. Con la deferencia podemos entrar en contacto con otros, hablar y escuchar con consideración, y negociar nuestras necesidades sin causar mal karma ni violencia mental o física.

Meditación es importante para calmar la mente y liberarnos de la insatisfacción y descontento relacionados con la palabra dukka. Sin embargo, esta liberación personal es sólo el comienzo de la práctica zen.

Cómo aplicas este equilibrio mental y emocional dentro de la sociedad y nuestro trato con otros es lo que define la madurez espiritual.

Capítulo 3.1. Cómo Matar a un Dragón

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