Sin embargo, justo allí tenemos la oportunidad de observar cómo los primeros dos venenos, o kleshas, nos gobiernan. Primero, la codicia surge de un sentido de necesidad emocional. Cuando no nos satisfacen, ira y enojo surgen de la decepción misma.

No obstante, podemos aprender cómo actuar mejor. La codicia y la ira operan basadas en el tercer veneno – delirio o confusión.

Desde hace mucho tiempo, poco a poco, hemos perdido contacto con nuestra propia esencia, nuestro verdadero centro, al tomar erróneamente este cuerpo/mente como nuestro yo verdadero. Nuestra disciplina espiritual nos deja volver a la Fuente de nuestro ser.

Podemos convertirnos en nuestro propio mejor amigo/a, sin la necesidad de otros para apoyarnos. Esto no significa que nos mantengamos distantes y aislados de los demás. Al contrario, este es el Lugar desde el cual la verdadera compasión, amor, y sabiduría pueden fluir.

Es nuestra Naturaleza Verdadera, la Naturaleza Búdica de nuestro Yo Iluminado que nos guía y nos enseña. Entonces, toda experiencia puede ser un aprendizaje valioso para la mente del principiante, abierta e inocente, la actitud de “no lo sé”.

Este fluir nos beneficia también de otras formas. Con esta intención de amar sin apego ni expectativa, aprendemos cada vez más la importancia de soltar, ya que podemos ver con claridad como tendemos a apegarnos a las personas y a las situaciones.
