Lo que me lleva a la tercera cosa que he aprendido al estudiar la naturaleza de la cerca: no hacer daño.

Si estamos profundamente comprometidos con ayudar a los demás, entonces no hay necesidad de causarles daño.

Aprendemos a pasar de un lugar de deseos egoístas a un lugar de preocupación por las necesidades y el bienestar de nuestra comunidad.

Nos volvemos considerados y cariñosos en nuestra habla, nuestras acciones y nuestro sustento.

Practicamos los preceptos de la vida ética: liberarnos de matar, robar, mentir, objetivar sexualmente e intoxicarnos.

El sufrimiento de los demás se convierte en nuestra principal preocupación.

Del mismo modo, liberar a otros de sus barreras de engaño se convierte en nuestro mayor gozo.

Como el león de la historia, estudiamos la naturaleza de la cerca para liberarnos del deseo, rendirnos a nuestro despertar y no hacer daño a los demás.

Que todos tengamos la valentía de ser libres.
