
En la presencia de la Sangha, en la luz
del Dharma, en la unidad con Buda –
¡que mi camino a la completa iluminación
beneficie a todos!

EN ESTE MOMENTO TRANSITORIO
En este momento transitorio karma madura y todas las
cosas comienzan a existir.
Juro elegir lo que existe:
Si hay costo, elijo pagar.
Si hay falta, elijo dar.
Si hay dolor, elijo sentir.
Si hay pena, elijo llorar.
Cuando se arde – elijo calor.
Cuando se calma – elijo paz.
Cuando se priva de comida – elijo hambre.
Cuando se alegra – elijo felicidad.
El que encuentro, elijo conocer.
Lo que asumo, elijo cargar…

…Cuando llegue la hora de mi muerte, elijo morir.
Donde esto me lleve – elijo acudir.
Estar atento a lo que existe – atiendo a lo que existe.
Esta vida es tan real como un sueño; él que lo sabe no se
puede encontrar; y, la verdad no es una cosa –
Por tanto,
¡prometo elegir ESTA puerta de entrada al
Dharma!
Que todos Los Buddhas y Sabios me ayuden a
cumplir este voto solemne.
(Hogen Bays: Abad del Monasterio del Gran Voto de Oregón, USA)

Reverenda Meiten McGuire
La Reverenda Maestra Meiten McGuire fue monja y Maestra de la Orden de Contemplativos Budistas. Nació en California en 1926 y obtuvo su doctorado en Psicología en 1952. En su vida profesional, ejerció la psicología clínica tanto en Estados Unidos como en Canadá. La Reverenda Meiten inició un camino espiritual en 1972, el cual la llevó a la Abadía de Shasta en California en 1978. Allí, al año siguiente, recibió la ordenación como monja budista de manos del Reverendo Maestro Jiyu-Kennett, fundador de la Orden de Contemplativos Budistas. En el año 2000, la Reverenda Meiten fue nombrada Maestra de la Orden. En 2003, se trasladó a Victoria y comenzó a impartir la Meditación de Reflexión Serena. En 2006, fundó la Sangha Zen de la Isla de Vancouver. El reverendo maestro Meiten falleció pacíficamente en Victoria en 2018 a la edad de 91 años.
La lección de hoy se basa en una reflexión de Rev. Maestra Meiten McGuire.

El Monasterio de Shasta Abbey, California del Norte, USA
Tiene que ver con una experiencia que nos pasa a todos de vez en cuando. Al llegar a casa después de un largo día de trabajo, a veces no hay nadie y nos sentimos solo. Prendemos la tele sin pensar para llenar el silencio con sonidos y estímulos, un intento para distraernos de la soledad.

Shasta Abbey en invierno.
Seguimos mirando la pantalla a pesar de que no encontramos nada interesante ni entretenido. Este hábito forma un patrón que nos mantiene en dukka, o sea, una sensación de descontento en el fondo de nuestras mentes. El problema es que este patrón no alivia la soledad ni el sufrimiento que nos causa.



