
Según Roshi Meiten McGuire, nuestra práctica nos deja ver la tentación de encerrarnos, y desconectarnos del resto del mundo, cuando nos sentimos amenazados o vulnerables. Sin embargo, es también una oportunidad de ver como este “yo” de la mente chica funciona, y así entenderlo mejor.

Nuestra capacidad de ver este proceso de la mente chica nos da la oportunidad de pausar un momento antes de actuar basados en viejos modos condicionados. Puede ser un momento liberador cuando no caemos en antiguos patrones kármicos, los que distorsionan nuestras percepciones.

Esta actitud de apertura nos deja abrir con mayor libertad el corazón. Así, el amor inherente de nuestro ser puede fluir más fácil y espontáneamente puesto que no hay nada que lo obstaculice, tal como el miedo del rechazo.

El amor es natural y puede moverse en cualquier dirección cuando el yo de la mente chica no está bloqueándolo. Otros responden a este de la misma manera, es decir, con más amor, afecto, y cuidado.

No es necesario forzar ni manipularlo. En cambio, cuando operamos desde la perspectiva de amar con la expectativa de recibir algo de la otra persona, es un movimiento de la mente chica, y observamos como este tipo de amor es decepcionante.

La verdad es que las otras personas no están aquí para hacernos sentir bien. Eso es nuestro propio trabajo cada uno en la práctica espiritual..

Al depender de otros para suavizar el dolor del corazón solitario, estamos funcionando desde una perspectiva arriesgada, puesto que a veces la otra persona está allí para ayudarnos y otras no. Y cuando no están, nos sentimos decepcionados, frustrados, y resentidos.
